Monolingües y bilingües: ventajas cognitivas del uso de más de una lengua

El pasado jueves 11 de Febrero asistí al curso impartido por Jon Andoni Duñabeitia, titulado “Monolingües y bilingües: ventajas cognitivas del uso de más de una lengua”. Como era previsible, buena parte de las que asistimos estamos implicadas de una u otra forma en programas bilingües en lengua extranjera en Aragón. Comparto algunas de las ideas y preguntas trabajadas en el curso, por si os puede resultar interesante.

Duñabeitia es investigador en el Basque Center on Cognition, Brain and Language, un centro internacional de investigación interdisciplinar para el estudio de la cognición, el cerebro y el lenguaje. Una de sus recientes líneas de investigación tiene que ver con descubrir si realmente existe una “ventaja” en el multilingüismo, más allá del beneficio socio-lingüístico de saber otros idiomas, es decir: ¿realmente el conocimiento de otras lenguas tiene beneficios para el cerebro? Sus conclusiones son, por una parte, que a pesar de lo que se ha ido difundiendo en medios de comunicación y divulgación, el bilingüismo no evita la neurodegeneración: no evita la aparición de enfermedades como el Alzheimer. Lo que quizá hace es retrasar la aparición de los síntomas. En cualquier caso, aparezcan los síntomas en un momento u otro, la enfermedad va a seguir el mismo curso en el caso de los monolingües que en el de los bilingües.

¿Son los cerebros bilingües diferentes de los cerebros monolingües? Sí, pero esas diferencias no son siempre las mismas, no son “replicables. La investigación sobre estas diferencias aún está en marcha.

En el debate de si los bilingües tienen mejores capacidades cognitivas, como la memoria o la atención, los resultados tampoco son tan claros como podría esperarse. Los bilingües tienen mejores competencias comunicativas. En cuanto a control ejecutivo y atención, sin embargo, no se observan diferencias significativas entre bilingües y monolingües. Por otra parte, es cierto que los bilingües tienen una mayor habilidad para usar cada lengua según el contexto de situación (por ejemplo, en el caso de familias donde se hablen varias lenguas, o personas hablantes nativas de un idioma viviendo en un país de otro idioma, pueden usar cada lengua en el momento y con quién lo necesiten, incluso cambiando en segundos de un código a otro).

También está demostrado que en el caso de los multilingües, o cuando se está aprendiendo una tercera lengua, la interferencia es mayor entre la L2 y la L3 que entre la L1 y la L3. [Recuerdo la primera vez que fui a Francia después de varios años sin haber estudiado ni pensado en francés. Intentaba hablar con el señor que nos acogía en su casa, y me salía un revuelto de inglés-francés “*je suis more…”…de manera totalmente involuntaria, porque si le “ordenaba” a mi cerebro hablar en “lengua extranjera”, para mí ese código era el inglés. Creo que ya lo superé cuando volví a “vivir” el francés de alguna forma, y que ahora ya tengo los códigos “separados”. Ahora cuando hablo francés solo recurro al inglés conscientemente, cuando me quiero inventar algo, a ver si hay suerte y los ingleses también cogieron esa palabra del francés, como tantas otras].

Los bilingües tienen una mayor memoria de trabajo (la que te permite recordar elementos muy recientes, que recuerdas ahora para operar, y luego olvidas).

En cuanto a pronunciación, el repertorio de fonemas con los que contaremos en nuestro cerebro se crea cuando somos bebés. Entre los 0-3 meses aproximadamente, hay una conciencia aumentada con respecto a los sonidos. Entre los 3 y los 8 meses, ese “interés” se interrumpe, y entre los 8 y los 12 vuelve otra vez, aunque el foco de interés se centrará fundamentalmente en la sintaxis. Por eso, cuando aprendemos idiomas “tardíamente” (aunque empecemos de niños) hay sonidos que quizá nunca lleguemos a pronunciar al 100%, porque son ajenos a nuestra L1: como no los hemos incorporado en nuestro repertorio de sonidos temprano, puede que nunca los lleguemos a reproducir de manera totalmente natural.

Al hilo de esta idea, Duñabeitia habló de la preocupación excesiva que pueden tener algunos padres por que sus hijos aprendan otras lenguas desde su nacimiento, con el afán de “hacerlos bilingües”. Compartía la misma opinión que tengo yo sobre las lenguas extranjeras en el hogar. Yo suelo decir que si tuviera hijos, probablemente tendrían muchos cuentos en inglés (o francés), verían dibujos, películas…en otras lenguas distintas al español, pero no porque les obligara a leerlos o verlos hasta que llegaran a odiar otros idiomas, sino porque, como vivirían conmigo, y las lenguas son como una segunda piel para mí, pues en su vida cotidiana, y de una manera natural, estarían rodeados de mucho input en otras lenguas.

En cuanto a la cantidad de vocabulario de monolingües y bilingües, explicó que los monolingües tienen un mayor vocabulario efectivo en la lengua que comparten con los bilingües (los bilingües, en la lengua “dominante”, tendrían menor vocabulario efectivo). Pero en realidad el bilingüe tiene un mayor vocabulario en su cerebro, ya que incorpora palabras de una y otra lengua. Igualmente, y lo compartiréis quienes hayáis estudiado, por ejemplo, de una manera CLIL, o quienes enseñéis CLIL, hay conceptos que solo tienes en una lengua (o aunque los tengas en las dos, los usas mucho más y los “recuperas” antes en una lengua que en otra). Así pues, en una visión global, los bilingües tienen un mayor número de palabras; pero por esa misma razón, porque tienen más elementos de entre los cuales “recuperar” el elemento concreto que van buscando, les puede costar más tiempo encontrar las palabras precisas. El acceso al léxico puede ser más costoso, por tanto, pero no va asociado al retraso lector. En el caso de los bilingües, la lecto-escritura se produce más tardíamente, es decir, es más costosa en el tiempo: pero no implica retraso.

En cuanto a trastornos específicos del lenguaje, menciónó también que la dislexia no tiene ninguna relación con la adquisición del lenguaje; por tanto, tampoco hay ninguna relación entre bilingüismo y dislexia. En su opinión, en el caso de centros bilingües, no se debe sacar a un niño con dislexia (ni TEL, ni autismo) del aula ni del programa bilingüe, porque sacarlo no mejorará su trastorno, y su salida solo conseguirá marcar una diferencia con sus compañeros, y privarlo de la posibilidad de trabajar en y aprender otro idioma. [Otros expertos en trastornos del lenguaje con los que he hablado recientemente para actividades de formación en centros me han manifestado esa misma opinión].

Una de las participantes le preguntó sobre la conveniencia o no de simultanear la lecto-escritura en las dos lenguas. Duñabeitia alega que en este momento no hay evidencia científica demostrada sobre si se debe o no iniciar la lectoescritura en dos lenguas a la vez. En su opinión, la lectoescritura en la L2 debería introducirse cuando se haya consolidado la lecto-escritura en la L1. No obstante, sí recomienda estar expuesto desde el principio a la L2 de manera oral. Él valora positivamente las áreas en L2 en los primeros años de escolarización, siempre que no esté mediatizado por la lecto-escritura.

¿Es más fácil aprender una tercera lengua cuando ya eres competente en una segunda? No necesariamente. Es cierto que has desarrollado destrezas de aprendizaje, pero vas a tener que exponerte a un mayor repertorio (y diferente) de items de vocabulario, sonidos…

También habló de cómo enseñar lenguas extranjeras y en lengua extranjera. La metodología variará dependiendo en la combinación L1-L2 (no se enseña igual el inglés a alumnos hablantes nativos de español que a hablantes nativos de alemán, por ejemplo, ya que cada lengua tiene distintas propiedades, distintos puntos en común…). Duñabeitia defiende que las lenguas extranjeras deben ser útiles y relevantes para el alumno YA, no en el futuro (Lane Clark defendía lo mismo para cualquier tipo de aprendizaje: la escuela debe servir para el hoy, no para el día de mañana). En su opinión, hay que crear otro tipo de apego a las lenguas extranjeras que no sea solamente académico, y crear la necesidad de comunicarse en lengua extranjera ya [añado yo: para eso hacemos intercambios, Skype, hacemos proyectos eTwinning…para que no sea un uso artificial del idioma]. Unido a esto, habló de su visión de los centros bilingües, y cuestionó la idea del “referente lingüístico” que defiende, por ejemplo, el British Council en su currículo integrado (un profesor=solo un idioma). En su opinión, los centros bilingües no son tales, sino centros de secuencias monolingües (ahora hacemos esta clase en español, luego la siguiente en inglés / francés, luego otra vez en español…). Según Duñabeitia, la evidencia científica apunta que no se memorizan peor los contenidos por hacer “code-switching” (ir cambiando de código lingüístico), y su recomendación de hecho es mezclar idiomas en la misma asignatura. Habla de experiencias en centros europeos sobre translanguaging, en las cuales los alumnos hablan en la lengua que deseen. Pone el ejemplo de un alumno que no sea lo suficientemente competente como para formular una pregunta en la L2, y por ello ya no pregunte o no participe en clase. Sí que añade que en estos contextos hay que insistir en una metodología que haga sentirse a los alumnos lo suficientemente cómodos para salir de su zona de confort en la L1, para producir en la L2, pero sin obligaciones ni presiones, sino por voluntad propia.

Por último, y para dejarnos con ganas para una próxima ocasión, defendió la necesidad de reforzar las emociones en el aula de / en lengua extranjera.

Muchas ideas para reflexionar…con algunas estoy de acuerdo, otras me rompen algunos esquemas y creencias asentadas…pero desde luego, estuvimos tres horas y algo sin descanso, sin levantarnos de la silla, y mereció la pena 100% (si nos hubieran dicho que nos quedaba otra hora más de sesión, nos hubiéramos quedado sin problema).

Si queréis saber más, algunos videos de Jon Andoni Duñabeitia en los que menciona muchas de estas ideas:

Y aquí tenéis la conferencia que dio el día anterior al curso (gracias, Silvia H. por el enlace):

4 comments on “Monolingües y bilingües: ventajas cognitivas del uso de más de una lengua

  1. Me parecen reflexiones muy interesantes, más aún cuando son vertidas un sábado por la tarde, en lugar de estar tomando unas tapas o viendo una peli… 🙂

    Lo que más me ha reconfortado es lo del aprendizaje de los fonemas de los 0 a los 3 meses, la colección que tendremos para el resto de nuestra vida. Eso demuestra que bastante hacemos los españoles con hablar inglés y otras lenguas como las hablamos. Con la irrisoria colección de fonemas que tiene nuestro idioma en comparación con casi cualquier otra lengua, mucho más no se nos puede pedir…
    Pero vamos, cursos como el que hemos tenido contigo, Natalia, son de una ayuda impagable.

    • Gracias por el comentario, José Luis. A mí también me llamó la atención que la adquisición de los sonidos sea tan temprana. En cuanto a los sonidos del español, también es cierto al revés, que hay sonidos que resultan muy difíciles para hablantes de otras lenguas (/j/ o /ñ/, por ejemplo). Pero aún así, aunque no lleguemos a sonar 100% igual que los hablantes nativos, intentaremos llegar al 90%. 🙂

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